Visión Política / Ilegal negocio / Por: Fernando Cruz López

Visión Política / Ilegal negocio / Por: Fernando Cruz López
Visión Política
Ilegal negocio
Por: Fernando Cruz López 

 

En México hay delitos que no hacen ruido, no explotan, no disparan… pero matan igual. Uno de ellos es el negocio de los factureros. Un trabajo sucio, vil y profundamente corrupto que durante años saqueó al país con absoluta desvergüenza. No es ingenio financiero, es robo organizado. No es “colmilludo”, es delincuente.

Los factureros construyeron un esquema perfecto para defraudar al fisco: empresas fantasma, operaciones inexistentes y documentos falsos para simular legalidad. ¿El resultado? Miles de millones de pesos que nunca llegaron a hospitales, escuelas, caminos ni seguridad pública. Dinero público convertido en mansiones, cuentas offshore y poder mal habido.

Y que nadie se haga el sorprendido: Oaxaca no es la excepción. Aquí también operan estas redes, aquí también se inflan contratos, se pagan servicios que jamás existieron y se protege a quienes saben exactamente lo que estan haciendo. Porque esto no se sostiene solo. Para que un facturero funcione necesita complicidad institucional, necesita funcionarios que firmen, que callen o que cobren.

Ese es el punto más podrido del asunto: la alianza entre delincuentes fiscales y servidores públicos corruptos. Cuando un funcionario protege a un facturero no solo traiciona su cargo, traiciona al pueblo. Le roba al campesino, al estudiante, al enfermo, al contribuyente que sí cumple.

Por eso hoy, cuando se persigue este ilícito, no se trata de persecución política ni de revancha. Se trata de limpiar la casa. De decir con claridad que robarle al Estado ya no puede seguir siendo un negocio rentable. Que el dinero público no es botín ni caja chica de nadie.

Oaxaca necesita romper de una vez por todas con estas prácticas que nos condenaron al rezago. Quien haya participado —empresario, funcionario o intermediario— debe responder ante la ley. Sin pactos, sin excepciones y sin simulaciones.

Porque si de verdad queremos un Estado fuerte, justo y digno, primero hay que cerrar la llave por donde se lo estuvieron robando. Y esa llave se llama facturación fraudulenta. Se acabó el tiempo de la impunidad.

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