Visión Política / Silencio complice / Por: Fernando Cruz López

Visión Política / Silencio complice / Por: Fernando Cruz López
Visión Política
Silencio complice
Por: Fernando Cruz López 


Venezuela vive una tragedia histórica bastanbte conocida en el mundo libre. No se trata de una “crisis política”, sino de una dictadura consolidada, encabezada por Nicolás Maduro, sostenida por el fraude electoral, la represión sistemática y el empobrecimiento deliberado de su población. Millones de venezolanos han huido del país, miles han sido encarcelados por razones políticas y toda forma de disidencia ha sido aplastada. Frente a ese desastre, el silencio no es neutralidad: es complicidad.

Desde México, el gobierno ha intentado reducir el debate a una trampa moral: quien exige la salida de Maduro, dicen, apoya una intervención militar estadounidense. Ese argumento es falso, cínico y funcional a la dictadura. Rechazar una invasión armada no implica tolerar un régimen criminal. Plantearlo así es un chantaje político que solo beneficia al tirano.

La narrativa oficialista mexicana ha servido durante años para oxigenar al chavismo. Morena y su entorno ideológico han justificado los abusos venezolanos bajo la bandera del “antiimperialismo”, mientras sus dirigentes disfrutan de las bondades del capitalismo que dicen despreciar: casas en Houston, departamentos en Nueva York y ahorros en dólares. Su discurso es revolucionario; su vida personal, profundamente conservadora.

Para ese sector, Maduro no es un problema: es un aliado ideológico. Un camarada que justifica excesos, atropellos y silencios. La presidenta Claudia Sheinbaum se ha pronunciado contra una intervención militar, pero no ha movido un solo dedo para exigir democracia en Venezuela. No ha condenado el fraude, no ha exigido elecciones libres, no ha defendido a los presos políticos. Nada.

El principio de no intervención se ha convertido en una coartada para la indiferencia. Y eso es inadmisible. Lula, Petro y Boric —con todo y sus diferencias— han sido más firmes y más dignos frente a Maduro que México. López Obrador primero y Sheinbaum ahora eligieron callar.

México no tiene que enviar soldados, pero sí dejar de proteger dictadores con su silencio. Hoy, el gobierno mexicano no está del lado de la democracia venezolana. Está del lado del opresor. Y la historia no suele perdonar esa elección.

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