Radiografía de una soberanía incompleta
Hasta el día de hoy, el discurso oficial y público en torno a la defensa de nuestra soberanía nacional padece de una miopía crónica. Se debaten con vehemencia los aranceles punitivos, las presiones geopolíticas por el narcotráfico, las veladas o abiertas amenazas de intervención militar y se lanzan llamados abstractos para exigir que ninguna potencia extranjera se inmiscuya en nuestros asuntos internos.
Todo este ejercicio de resistencia coyuntural es necesario, pero profundamente insuficiente. Se queda en la superficie del problema y omite lo fundamental: no eleva la conciencia política del pueblo ni de la clase trabajadora. Al limitarnos a señalar las acciones del gobierno estadounidense o de figuras como Donald Trump, se consolida la falsa ilusión de que estas agresiones son meros caprichos gubernamentales desligados de los intereses sistémicos de la gran burguesía internacional, que monopoliza el capital, la producción y el comercio mundial.
La trampa de despojar la lucha de su esencia de clase
Al vaciar la defensa de la soberanía de su contenido de clase, cometemos un error estratégico imperdonable. Reducimos un choque estructural a un diferendo diplomático entre naciones.
No terminamos de comprender —ni de explicarle al pueblo— que el imperialismo no es una mala política exterior, sino la fase superior y decadente del sistema capitalista, tal como lo diagnosticara con precisión científica Vladimir Ilich Lenin desde 1916. Combatir al imperialismo exige seccionar sus raíces reales, las cuales se manifiestan en:
1. La concentración y centralización del capital: La aparición inexorable de monopolios que controlan los mercados.
2. La oligarquía financiera: La total fusión del capital industrial con el bancario.
3. El reparto geopolítico: La formación de carteles internacionales de capitalistas dedicados a dividirse el planeta.
4. La exportación de capitales: El mecanismo financiero que sustituye a la simple exportación de mercancías para someter economías enteras.
5. La guerra como mercancía: El nuevo reparto imperialista ejecutado a través de conflictos bélicos y desestabilizaciones.
Hacia la independencia económica y la conciencia antimperialista
En resumen: sumarse a la defensa inmediata de nuestra soberanía nacional es una tarea ineludible, pero no puede disociarse de la urgencia pedagógica y política de transformar la conciencia popular.
Hagamos el trabajo necesario para que el pueblo trabajador transite de una limitada resistencia antineoliberal a una sólida y radical conciencia antimperialista. Solo mediante la construcción de un programa político que oriente decididamente las políticas económicas públicas hacia la conquista de nuestra independencia económica —la única vía material y sustancial para garantizar la soberanía— podremos apuntalar la verdadera soberanía de nuestra patria.
Pa lante siempre