En el complejo tablero de la seguridad nacional, cada victoria del Estado mexicano parece venir acompañada de una campaña de desmeritamiento por parte de sectores reaccionarios. Resulta sintomático que, ante el contundente golpe asestado recientemente a la estructura del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), la narrativa de la oposición se haya apresurado a fabricar un "pero": la supuesta intervención directa de tropas estadounidenses.
Nada más alejado de la realidad. Lo que presenciamos no fue una concesión de soberanía, sino la cristalización de una estrategia que, lejos de la improvisación de sexenios pasados, se asienta en cuatro ejes fundamentales que hoy dictan la pauta de la paz pública.
Los pilares de un éxito institucional
El operativo contra el CJNG no fue un evento fortuito. Como bien señaló el General Ricardo Treviña Trejo, titular de la SEDENA, la acción fue el resultado de semanas de preparación táctica y meses de un meticuloso trabajo coordinado. Este éxito descansa sobre una arquitectura institucional renovada:
Trabajo de Inteligencia: La base de todo. La detención de objetivos prioritarios ya no se fía a la fuerza bruta, sino al análisis de datos y seguimiento estratégico.
Fortalecimiento de la Guardia Nacional: Una fuerza con presencia territorial que otorga el soporte operativo necesario para intervenciones de alto impacto.
Coordinación interinstitucional: La suma de capacidades entre las diferentes dependencias de seguridad del país.
Es imperativo entender que la cooperación con las autoridades norteamericanas en el intercambio de inteligencia es una herramienta legítima y necesaria en un mundo globalizado. Sin embargo, compartir datos no es sinónimo de ceder el mando. El crédito absoluto de la planificación y ejecución pertenece, sin ambages, a las fuerzas armadas e instituciones de seguridad mexicanas.
La raíz del problema: El largo plazo
Mientras que los ejes operativos (inteligencia, coordinación y el fortalecimiento de la GN) entregan resultados inmediatos, el cuarto pilar, la Atención a las Causas, es quizás el más profundo. A través de programas dirigidos a la juventud, el Gobierno de México está secando el "semillero" del crimen organizado.
Si bien este eje ofrece resultados a mediano y largo plazo, su efectividad es real: al ofrecer alternativas de vida dignas, se dificulta el reclutamiento forzado o voluntario de jóvenes. Es, en esencia, una vacuna social contra la violencia.
Conclusión
Negar el éxito del reciente operativo bajo teorías de intervencionismo extranjero no es solo un error de análisis, es una falta de respeto al trabajo de quienes arriesgan la vida en el terreno. La estrategia de seguridad está demostrando su eficiencia.
Al final del día, los hechos son testarudos: la estructura criminal se debilita, mientras las instituciones mexicanas se fortalecen bajo un mando propio y una visión clara.
Pa Lante siempre