Morena en Oaxaca: ¿Renovación real o crónica de una muerte anunciada?

Morena en Oaxaca: ¿Renovación real o crónica de una muerte anunciada?

La política, ese juego de pesos y contrapesos, suele cobrar facturas costosas a quienes confunden la estructura partidaria con un patrimonio familiar.

 Recientemente, bajo la presión ineludible de la dirigencia nacional, el gobernador del Estado de Oaxaca, Salomón Jara Cruz, se vió obligado a aceptar las renuncias al Comité Estatal de Morena: de Emanuel Navarro Jara (su sobrino) a la presidencia, y de Shabín Jara Bolaños (su hijo) a la secretaría de organización.

Más allá del escándalo inmediato, estas salidas no deben leerse como simples bajas administrativas, sino como el síntoma de un organismo que agoniza por falta de oficio.

El vacío de la experiencia

Como se ha señalado anteriormente, dirigir un instituto político de la relevancia de Morena no es una tarea para aprendices ni un premio de consolación. Se requiere:

Colmillo político: Experiencia probada en la dirección y organización de la lucha social.

Claridad estratégica: Entender que el partido no es un accesorio, sino un instrumento de transformación.

Fortalecimiento estructural: Una visión clara para edificar bases ideológicamente sólidas.

Lamentablemente, los perfiles salientes carecían de estos elementos. Su permanencia en la cúpula partidaria estatal obedecía a un solo objetivo: garantizar que el partido fuera un apéndice de la voluntad del Ejecutivo. 

En Oaxaca, Morena no ha funcionado como un ente autónomo, sino como una oficina al servicio del poder estatal.

El efecto bumerán

La ineficiencia es un arma de doble filo. El gobernador ha experimentado en carne propia el "efecto bumerán": al debilitar al partido para controlarlo, se quedó sin estructura cuando más la necesitaba.

Los desastrosos resultados en el reciente —y bastante manoseado— proceso de Revocación de Mandato son la prueba irrefutable. El partido, convertido en un cascarón vacío por el nepotismo y la falta de cuadros operativos, simplemente no sirvió para nada. Sin estructura no hay movilización y, sin movilización, el apoyo popular se diluye en la apatía.

Poner en riesgo la estructura partidaria no solo daña al Ejecutivo; es un atentado contra el apoyo popular que sostiene el proyecto de cambio en el país.

Una oportunidad en el abismo

Dejar morir al partido en Oaxaca, por inanición política, es un lujo que la "Cuarta Transformación" no puede permitirse. El instrumento político debe ser el sostén del gobierno, no su sombra obediente.

Estas dos renuncias representan hoy una ventana de oportunidad. Es el momento de decidir si se iniciará un fortalecimiento real, democrático y estructural de Morena en nuestro estado, o si se permite que el letargo continúe. Si la inercia actual persiste y se permite que el partido siga funcionando como una agencia de colocación familiar, no habrá sorpresas: seremos testigos de la crónica de una muerte anunciada.

Pa lante siempre.

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