Si MORENA busca fortalecerse y blindar el proyecto de nación, debe abandonar la lógica de las cuotas y los grupos de presión para devolverle la palabra a quienes le dieron origen: su militancia y el pueblo organizado.
El agotamiento de las cuotas internas
Definitivamente, Morena se encuentra en una encrucijada donde resulta impostergable un replanteamiento estratégico en la selección de sus candidatas y candidatos a puestos de elección popular. Si el movimiento aspira a fortalecerse y evitar la degeneración institucional de los partidos tradicionales, el rumbo es inequívoco: se debe otorgar el verdadero protagonismo a las personas que integran su base social.
Hoy resulta insostenible continuar bajo la lógica de las decisiones tomadas por grupos internos de presión—facciones que responden a intereses de poder y no a convicciones ideológicas— para determinar quiénes ocuparán las presidencias municipales, las diputaciones locales y federales, las Senadurías o las gubernaturas. La continuidad de estas prácticas amenaza con erosionar la legitimidad moral del movimiento desde dentro.
Primer acto: el poder a la militancia
Es vital permitir, en un primer momento, que sean las y los militantes quienes asuman las riendas de estas decisiones. Este proceso debe darse bajo directrices claras, transparentes y democráticas, teniendo como objetivo superior la defensa y consolidación del proyecto de nación que se impulsa desde 2018.
El primer paso indispensable para lograrlo es que la propia militancia construya la representación popular al interior de su partido. Sin una vida democrática interna robusta, el discurso de transformación corre el riesgo de quedarse en una promesa vacía.
El horizonte superior: el pueblo más allá del partido
Sin embargo, la evolución política del país exige que este protagonismo no se limite a las fronteras de la estructura partidista. El verdadero empoderamiento del pueblo mexicano debe alcanzar un nivel de conciencia y compromiso social tal que permita dar el siguiente gran paso: que no sean únicamente los afiliados a un instituto político quienes tomen las decisiones definitivas, sino el pueblo organizado en cada una de sus demarcaciones comunitarias.
El horizonte democrático al que se debe aspirar es que quienes surjan como candidatos sean ciudadanas y ciudadanos respaldados por sus vecinos, personas conocidas en su entorno por su conducta social intachable y su trabajo honesto al servicio de la comunidad.
El mandato ciudadano
La democratización de los procesos de selección en Morena no es una opción táctica ni un adorno estético; es una condición de supervivencia histórica. Dejar atrás las imposiciones de cúpula para abrirle paso al pueblo organizado es el único camino para garantizar que la representación popular deje de ser un botín de grupos e internalice su verdadera esencia: un mandato ciudadano.