Tras la revocación: la organización del descontento

Tras la revocación: la organización del descontento

Oaxaca acaba de ser testigo de una jornada de consulta popular que pasará a la historia no por su pulcritud, sino por las sombras que la rodearon. El reciente proceso de revocación de mandato estuvo marcado por un cúmulo de irregularidades que, lejos de legitimar el ejercicio, evidenciaron las viejas prácticas de operación política.

 Sin embargo, quedarse únicamente en la denuncia del proceso viciado sería un error de análisis; lo verdaderamente relevante yace en la lectura de los resultados, los cuales asestaron un golpe político contundente a la administración estatal.Aunque la narrativa oficial intente anunciar un triunfo precipitado y construir una percepción de respaldo absoluto, la realidad territorial dice otra cosa. 

La frialdad de los números revela que el gobernador perdió en la mayoría de los municipios de los Valles Centrales, incluida la "joya de la corona": la capital oaxaqueña. Perder el corazón político y administrativo del estado no es un asunto menor; deja al gobernador en una postura de debilidad frente al poder nacional y exhibe una fractura entre la cúpula y la base ciudadana más politizada de la entidad.

Ante este escenario de victorias pírricas y derrotas simbólicas, la ciudadanía se plantea una interrogante colectiva inevitable: ¿Y ahora qué sigue?Tal como lo hemos sostenido con anterioridad, independientemente del resultado numérico de las urnas, este ejercicio representaba una oportunidad dorada para medir algo intangible pero poderoso: la fuerza de la inconformidad. Y el diagnóstico es claro. Fuera de toda maniobra de acarreo y de la corrupción de las conciencias, existen cientos de miles de oaxaqueños que no avalan el rumbo actual. Esa masa crítica, hoy dispersa, es el motor latente que requiere urgentemente un cauce.

Lo que sigue, por tanto, no es el lamento ni la celebración vacía, sino la construcción de un canal organizativo real. Es imperativo aglutinar esa inconformidad no solo en torno al rechazo, sino bajo una coincidencia programática que dignifique la lucha política. El descontento por sí solo es ruido; el descontento organizado es fuerza transformadora.El paso siguiente en la vida pública de Oaxaca debe ser la conformación de una gran alianza popular. Un bloque que no solo busque el poder por el poder, sino que afiance los grandes intereses nacionales y retome las banderas históricas que a menudo se olvidan en la pragmática electoral: la soberanía, la independencia, la democracia real y la solidaridad entre los pueblos.

Si verdaderamente estamos del lado de la lucha histórica del pueblo, la tarea es clara: dejar de ser espectadores de las irregularidades para convertirnos en arquitectos de una alternativa organizada. Eso es lo que sigue.

Pa lante siempre.

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